miércoles, 8 de octubre de 2014

Mónica Oriol, mercados, personas.



"Yo prefiero una mujer de más de 45 años o de menos de 25, porque como se quede embarazada nos encontramos con el problema". Mónica Oriol.

Me gustaría hacer unas reflexiones al hilo de las declaraciones de Mónica Oriol, presidenta del Círculo de EmpresariOs, sobre la inconveniencia de contratar mujeres en edad fértil a raíz de las cuales se ha creado un revuelo mediático y en la opinión pública. Por ejemplo, el titular aparecido en Público al respecto dice así: “Mónica Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios, ha vuelto a realizar unas declaraciones polémicas y absolutamente contrarias a la dignidad de las mujeres y la conciliación laboral”, mientras que Susana Griso, en Espejo Público ha dicho: "¡La realidad es que este país está envejeciendo a marchas forzadas! ¡Vamos a ser el país más viejo de Europa! ¡No cuidamos a la maternidad! ¡No cuidamos a las mujeres embarazadas! ¡No se soluciona diciendo 'yo no contrataría a una mujer por debajo de los 45 años! ¡Muchas gracias señora Mónica Oriol, muchísimas gracias! ¡Es lo que me faltaba por oír!"

Mónica Oriol se ha defendido de las críticas alegando que esa frase está sacada de contexto y que escuchando el mensaje entero se puede apreciar que ella se refería a otra cosa. En cualquier caso, lo que ha dicho ha dado lugar a diferentes e incluso contradictorias interpretaciones. Por ejemplo, La Vanguardia interpreta en su titular que “Mónica Oriol considera "un problema" contratar a embarazadas”. Mientras que Carlos Salas, de La Información, argumenta que “si en lugar de esa última parrafada ‘políticamente incorrecta’ ella hubiera dicho: “Es muy injusto que los directores de RRHH no contraten a mujeres embarazadas porque, dado que la ley les obliga a blindar el contrato, prefieren hombres. Eso es malo para las mujeres porque no nos están dando igualdad de oportunidades, porque nos están condenando” no se habría malinterpretado lo que ella quería decir. Según Carlos Salas, el problema para Oriol no sería entonces contratar mujeres fértiles, sino que éstas queden blindadas por ley una vez que se convierten en madres y sería este blindaje, y no la maternidad en sí, lo que hace que a la empresa no le interese contratarlas.

En mi opinión, el problema con el que nos encontramos debería analizarse desde otro punto de vista. El problema del “blindaje” está directamente relacionado con las políticas de conciliación, de manera que para ayudar a las mujeres a conciliar la vida laboral y familiar por ley es prácticamente imposible despedirlas tras ser madres. Desde este punto de vista, las declaraciones de Oriol van en contra de los principios de la conciliación, efectivamente. Sin embargo, ¿qué son las políticas de conciliación? En principio, son la manera de promover la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres por medio de la ayuda sobre todo a las mujeres para que concilien la vida familiar y la laboral. Sin embargo, no se trata más que de medidas superficiales que no van a la raíz del problema, porque la realidad es que los niños, las ancianas y las personas dependientes en general necesitan ser atendidas, y el resto de personas necesitamos alimentarnos, ir limpias y cuidarnos unas a otras. Todo esto requiere tiempo, dinero y esfuerzo físico y emocional. Y todo esto, que es sobre lo que se sustenta la vida y lo que permite que cada día las personas con empleo vayan a trabajar es, en general, contrario a los intereses económicos dentro del contexto del liberalismo económico. Hay que entender las declaraciones de Mónica Oriol contra las políticas de conciliación en este contexto y en lugar de llevarse las manos a la cabeza enmpezar a cuestionarse el papel de estas políticas en el mantenimiento de un sistema que pone a los mercados en el epicentrode la organización social.

Además, ya hemos tenido tiempo de comprobar que esta lucha (la que pone el foco en el acceso al empleo) no nos llevará a ganar la guerra contra el patriarcado: desde que en 1949 Simone de Beauvoir publicara El segundo sexo ya han pasado más de 60 años y hoy podemos decir que el acceso al trabajo asalariado no ha liberado a las mujeres: dobles jornadas, empleos precarios y falta de reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados son la realidad de numerosas mujeres hoy en día. Según Silvia Federici “en general, el trabajo asalariado no ha liberado nunca a nadie. La idea de la liberación es alcanzar la igualdad de oportunidades con los hombres, pero ha estado basada en un malentendido fundamental sobre el papel del trabajo asalariado en el capitalismo. Ahora vemos que esas esperanzas de transformación completa eran en vano. Al mismo tiempo sí vemos que muchas mujeres han conseguido más autonomía a través del trabajo asalariado, pero más autonomía respecto de los hombres no respecto del capital.” Esto sin contar con las cadenas de cuidados globales; ya se ha visto que para que una mujer blanca de clase media pueda “liberase”, otra mujer, generalmente proveniente de algún país empobrecido tendrá que cuidar de su hogar, generalmente en condiciones de precariedad.

Así, las declaraciones de Mónica Oriol son polémicas por lo políticamente incorrectas, pero no son tan sorprendentes. Son simplemente sinceras desde el punto de vista del liberalismo económico y del patriarcado. Como dicen Amaia Pérez Orozco y Sira del Río en este artículo (ya citado más arriba), “no es necesario un análisis exhaustivo de la ley de conciliación para apreciar que la lógica de la organización social permanece, no sólo inamovible, sino sin cuestionar. Los mercados siguen entronados y todo aquél trabajo o situación vital que imponga límites o condiciones sigue viéndose como una anomalía, una desviación”. Se trata, por tanto, de dejar de darle vueltas a las declaraciones de Oriol y empezar a preguntarnos si de verdad queremos cambiar el eje de la organización social: de los mercados a las personas. 




jueves, 3 de abril de 2014

"Las mujeres ganan menos". De la guerra al diálogo entre los Sexos.

Querría en esta entrada desarrollar algunas reflexiones que me han merodeado este mes, gracias a las aportaciones de la Sexología y el Feminismo Radical y Marxista. 

 

Dado que estoy inserta en varios grupos de trabajo feministas y en un Máster de sexología, el cruce entre la Cuestión Sexual y la Cuestión de las Mujeres no puede, en mi opinión, desligarse. Es mi intención superar las críticas hacia el uno y el otro para en lugar de separarlas, ponerlas en diálogo.  Se trata, de trazar líneas de encuentro entre el individuo y la sociedad, las pretensiones políticas y las vivencias así como las  aportaciones feministas en un marco más amplio que el de las mujeres y los de la Sexología más allá de la Terapia y la Educación Sexual. Aquí van mis reflexiones que, provisionales, intentan abrir este camino desde algunas ideas muy específicas.

 

Podríamos afirmar que casi todas las corrientes feministas han coincidido en expresar que los cuerpos definidos como mujeres sufren más; la desigualdad estructural hace que tengan menos recursos y sus productos y formas de vida sean menos valorados. Esto es poco discutible, tanto las estadísticas como los análisis de deconstrucción y estudios históricos y socioculturales por parte del feminismo han mostrado las formas del patriarcado de forma excelente. Sin embargo, la tarea de estas corrientes no quedaba ahí, se trataba además, de poner en la agenda pública la urgente necesidad de tomar medidas para promover la equidad, tanto a nivel estructural como a nivel micro y de relaciones. En este punto, el feminismo cuenta con miles de propuestas que van desde reducciones como la de la mujer como ser pacífico y cuidador hasta otras que hablan de tecnopolítica y de deshacer el género. No es el momento ahora de repasar todas estas corrientes pues mi intención es detenerme en lo hecho y sus consecuencias. Antes que nada, he de reconocer el enorme valor de todo ese trabajo teórico y plantear que por supuesto no lo hubiéramos podido hacer mejor. Sin embargo, es momento de seguir pensando y aprendiendo de los errores. Es hora de trabajar por lo importante además de lo urgente.  



 

Después de una compleja elaboración teórica y de la creación de grandes alianzas y luchas políticas se consiguió poner en primera página el debate de las mujeres. A grandes líneas, el problema de la esta aplicación práctica ha sido el desarrollo de unas políticas públicas para las mujeres frente a los hombres. Cierto que es impresionante cómo, en tan sólo un siglo (hablamos de Occidente y sus democracias), se ha conseguido que las mujeres sean ciudadanas y sujetos en igualdad de derechos. El inconveniente, repito, es que esto se haya dado en forma de leyes para mujeres por ser mujeres:

 

1.                   Las Leyes de Violencia de Género o Violencia Machista. Éstas se promovieron con carácter de urgencia bajo el lema “lo personal es político”, visibilizando la violencia que sufrían muchas mujeres en sus hogares y que era relegada al ámbito doméstico como algo normal o natural. La transformación así en un problema político que penetró los hogares y las parejas ha reconvertido esta experiencia en algo completamente diferente. Podríamos decir que estas políticas construyen una experiencia concreta de trauma, colocan a la mujer sólo como víctima[1] y al hombre sólo como agresor. Esto, por un lado, reifica las categorías de víctima y agresor (no permitiendo otras) y no da cuenta de las diferencias y los grados (todos son igual de agresores o igual de víctimas maltratadas) ni de las realidades particulares en las relaciones de pareja. Si bien es cierto, mueren más mujeres que hombres a manos de sus parejas [2] y esto es un problema que queremos solucionar, la táctica tiene consecuencias perversas. Al estabilizar esta separación entre hombres (violentos) y mujeres (mal-tratadas), asimilada además a categorías del Derecho Penal, eliminamos las opciones. A la mujer víctima sólo le queda denunciar y poner en manos del aparato policial (salvador) y de la justicia su problema. Un problema que queda de esta forma sin resolver ni diluir, pues conlleva penas de prisión y tratamiento psicológico para hacer de la víctima el objeto social que se considera. Un problema que sabemos no se da por ser mujer u hombre en sí, sino derivado en todo caso de los valores patriarcales, en el que 2 participan y los reproducen[3]. Debemos entender entonces que esta práctica forma parte de un continuo de valores patriarcales por un lado, y de cada relación concreta por otro.  Si cada persona se construye biográficamente como Mujer y Hombre, existirán en algunas mujeres características que las podrían considerarse agresoras y en algunos hombres, víctimas. La ley no permite entender esto y estereotipa a las Mujeres como poseedoras naturales de todas las características femeninas (entre ellas la pasividad o la indefensión) y a los hombres de las masculinas (agresividad y posesión, por ejemplo).  ¿Qué alternativas podemos ofrecer en el plano teórico? Desde luego vemos que ya no sirven las categorías de víctima y agresor (no se reduce el número de muertes, se criminaliza la conducta haciéndola ininteligible por monstruosa, provoca la vivencia de un trauma mucho mayor y naturaliza las categorías de Hombre y Mujer). ¿Cómo nos adentramos en este problema sin entrar en una guerra de sexos y una criminalización de una conducta inserta en las relaciones? Podemos pensar en lo importante a muy muy largo plazo, hablando de educación y terapia sexual. Pero, ¿cómo nos adentramos en lo urgente sin provocar males mayores?



 

2.                   Otra de las políticas conseguidas ha sido la referida al Acoso y el Abuso Sexual, de nuevo entendiendo todas las situaciones por igual y sin gradaciones. Así, en la misma línea que  la violencia de género, estaríamos construyendo la experiencia de acoso (no es lo mismo pensar la experiencia de una mujer hace 100 años, por ejemplo, que recibiera 50 cartas de un enamorado en las que éste expresase su amor romántico, comentando que si está con otro lo mata a que reciba hoy, 50 e-mails con el mismo contenido. Hoy es acoso, antes era otra cosa, ni mejor ni peor, pero diferente a pesar de que el contenido de las cartas fuera el mismo). Sí, es cierto que a grandes números son más las mujeres que los hombres las que se sienten indefensas antes estas situaciones, evidentemente debido a su construcción como mujeres en un proceso bio-social que asocia feminidad con indefensión. Es cierto que era urgente mostrar estas prácticas de poder desigual. Pero, en nombre de esta visibilización, por combate nos hemos saltado la riqueza de las diferencias y las opciones.



 

3.                   También hemos desarrollado políticas de la igualdad en torno a los salarios y los empleos para superar la desigualdad salarial y el techo de cristal.  El problema de éstas se trazaría en dos líneas. Primero, sigue en la línea de la guerra de sexos, pues nos hace competir a mujeres y hombres por recursos escasos provocando enfrentamientos entre nosotros en lugar de dirigir el foco al sistema de producción capitalista de donde nace esta desigualdad salarial. Y segundo, desvía la atención hacia una categoría que no es la suya. Al hablar de los sexos desde la clase social, nos focalizamos en un hecho que seria transversal pero no su núcleo. Las desigualdades que queramos tratar en las relaciones entre los sexos, habrán e centrarse en su episteme, el Hecho Sexual y su Amatoria, y no en nociones económicas. Y esto es claro y empírico si observamos los actuales Estados Democráticos de Derecho donde, formalmente todos somos iguales sin que nada cambie en la vida práctica. En este punto, sería conveniente no sólo visibilizar los grandes datos (“las mujeres ganan menos”), sino también las particularidades, complejidades y cambios.



 

Y es a partir de esto, que creo que puedo ofrecer algunas primeras ideas y sugerencias para comenzar a hilar y deshilar tantas preguntas. Para empezar, debemos separar las nociones, aquéllas que tienen que ver con la clase social y el capital y las que se refieren a las relaciones entre los sexos. Si bien en la realidad todo está relacionado, para entenderla es útil y necesario dotarnos de herramientas explicativas. Entiendo que desde la episteme economicista, el sistema capitalista utiliza las diferencias para obtener beneficios desde la desigualdad. Por otro lado, el Hecho de los Sexos se refiere al proceso de hacerse sexuado y a las relaciones y encuentros entre los sexos (evidentemente con elementos no sólo biológicos sino también socioculturales e históricos, entre ellos las ideas capitalistas). Pero, si mezclamos las ideas nos perdemos. Si decimos “es que las mujeres ganan menos”, hablamos de mujeres (como sexo) y distribución de recursos (económicos). Por ello, creo que en la lucha por la equidad, no se trata de hablar de Hombres y Mujeres, sino de valores o características (ideales) Femeninas y Masculinas[4]. Éstas características son históricas, culturales y por tanto, cambiantes. Pero con toda esa fluidez, son intersubjetivas y nos construyen. Así, podríamos decir, por ejemplo, que hoy es una característica femenina el hecho de cuidar y una masculina el ser cuidado. Hasta aquí, las feministas estaríamos más o menos de acuerdo y procederíamos a indignarnos y a demandar “que las mujeres también sean cuidadas y los hombres cuiden”. Considero esto un error, pues de nuevo mezclamos las categorías y reificamos el que las mujeres posean por naturaleza todas las características femeninas ideales. Podríamos probar a entendernos antes que a enfadarnos y pensar en esto de manera más clara. Si una característica femenina (hoy, en esta sociedad), es el cuidar, dejemos que los hombres tengan también características femeninas (que las tienen). Es decir, en lugar de pensar en cómo hacer “que los hombres cuiden”, comprendamos primero que los hay, aunque esto sea definido como femenino. Por eso, creo que sería más útil dejar de hablar de hombres y mujeres para permitirnos que haya mujeres y hombres diversos, construidos de forma diferente y cada uno con actitudes (cambiantes y contextuales) que podrían definirse como masculinas y femeninas.

 



Para adentrarnos entonces en las desigualdades, si dejamos de hablar de hombres y mujeres para hablar de desigualdad y poder, podemos hablar de hechos, prácticas y actividades.  La tarea entonces en este ejemplo, no es la de hacer que los hombres cuiden, sino la de hablar de, en el caso de los cuidados, economía. Busquemos la forma en que todos los trabajos que merecen la pena puedan ser igualmente valorados, sin caer en reduccionismos que asocien un tipo de trabajo a un sexo determinado (a pesar de las grandes estadísticas). Así, el problema traído gracias a la cuestión de las mujeres, los cuidados, podría ser examinado en su campo, el trabajo, y sin promover ni guerras de sexos ni reduccionismos. Evidentemente el tema de la violencia de género es mucho más complicado y no soy capaz de ver los caminos, pero creo que deberíamos ir por la misma línea. El foco debería ser los encuentros entre los sexos y el valor que damos a unas características masculinas (agresividad) y otras femeninas (sumisión) repartidas en hombres y mujeres y no la violencia de los hombres a las mujeres. Se trataría en este caso de pensar qué valores orientan nuestras prácticas como sujetos sexuados y qué formas de violencia queremos promover y cuáles desincentivar en nuestras interacciones. Busquemos diálogos y soluciones pues en las guerras, muchas veces juegos de suma cero, no se busca la construcción sino la destrucción. El cómo, eso es algo que debemos seguir pensando…

 

 






[1] De esto se han percatado muchas pensadoras como las feministas Beatriz Preciado o Beatriz Gimeno, que proponen un empoderamiento físico de las mujeres para que sean capaces de defenderse o atacar. Esta idea de promover esos valores violentos en ambos sexos en igualdad podría ser una medida urgente pero, de nuevo, promoviendo una guerra de sexos.

[2] También es cierto que 32 varones han muerto a manos de su pareja, femenina o masculina, en los últimos cinco años, son menos pero nadie habla de ellos.

[3] Desde esta conceptualización se entiende que cualquier mujer puede ser víctima de malos tratos, promoviendo además un pánico en las relaciones que no es real. No todas las mujeres se construyen igual ni todas las relaciones heterosexuales reproducen el mismo modelo.
[4] Efectivamente, creo que uno de nuestros mayores problemas es la confusión entre Masculino-Femenino y Mujeres y Hombres. 

sábado, 6 de abril de 2013

En Bilbao no se Acosa


Bilbi. Las 12 de la mañana. Salimos de Otxarkoaga Pat, Aidatxo y yo hacia una batukada en pro de los derechos de las inmigrantes. Con flores en la cabeza y sabores soñolientos nos encontramos con un grupo de senegaleses coloreados que van caminando y tocando tambores en un alegre despertar de un Sanfran todavía gris. Alegremente, nos unimos al paso mientras, poco a poco, la gente va juntando sus ritmos callejeros hasta recorrer la misma manzana más de tres veces. Florecemos en una plaza de barrio; otras guitarras y palos se expresan con timidez y un grupo de quinceañeros despliega sus pancartas brillantes de xirimiri, no sin ser retadas por el viento. La música se empieza a transformar hasta confundirse con cantos en los bares y zuritos que aclaran las gargantas de aquellos que alzan irrintzis. La alegría diurna nos hace mezclarnos con las terrazas animadas por batas y pijamas, corredores de cemento, bolsas en manos frías y párpados de color púrpura de quienes no han pasado página en el calendario. Entonces, en una vuelta al delirio y la concreción, arrancamos palabras que intentan aclarar porqués. En un momento dado, me percato de quiénes nos rodean. Un hombre sentado a nuestra derecha, regañando a su perro por haber defecado. Cuatro ojeras en la puerta que fuman sostenidas por un vaso de pacharán. Inmediatamente sé lo que va a pasar. Pero no pasa. No, no se acercan a preguntarnos la hora ni a sentarse a saludar. Nadie nos pregunta qué hacemos por aquí con este tiempo. Nadie nos invita a nada. Ni si quiera cuando entro al bar a por la siguiente. Nadie sonríe de más. La ría está detrás. Ya no hace falta meterse en ella para nadar. 



domingo, 24 de febrero de 2013

Vandana Shiva

Vandana Shiva es una científica, filósofa, activista, Nobel Alternativo, pacifista y ecofeminista india que lleva años luchando contra los abusos y atropellos de grandes multinacionales como Monsanto o Coca-Cola, denunciando la biopiratiería, los OGM y luchando por la soberanía alimentaria, entre otras muchas cosas. Con apenas 20 años abandonó su doctorado en la Comisión de la Energía Atómica de la India, donde en los años 70 era la única mujer y parecía que le esperaba una brillante carrera, para realizar una Tesis sobre la Teoría Cuántica en la universidad de Toronto, donde rechazó un cómodo puesto como profesora para volver a la India e involucrarse en lo que ha sido una vida llena de compromiso social, ecológico y humano. 


En este post voy a hacer un breve resumen de sus victorias contra cuatro grandes multinacionales: Rice Tec, W. R. Grace, Monsanto y Coca-Cola. También voy a hacer una breve reseña sobre su teoría ecofeminista. La información está sacada del libro de Lionel Astruc, “Vandana Shiva. Las victorias de una india contra el expolio de la biodiversidad”. La Fertilidad de la Tierra Ediciones, Navarra, 2012.

En 1997 la empresa tejana Rice Tec creó una patente sobre las cepas y semillas de arroz basmati. Pretendía hacer que las agricultoras indias pidieran permiso y pagaran un canon por cultivar su propio arroz ya que, como denunció Vandana Shiva, la empresa incluyó en su patente número 5663484 “genes de variedades obtenidas por los agricultores”. Tras 5 años de lucha, en 2001 “la Oficina Americana de Patentes y Marcas anuló la mayor parte de la patente presentada por Rice Tec, haciéndola inviable. También estableció que la empresa no había creado el aspecto de este arroz, contrariamente a lo que afirmaba la firma tejana: estas características procedían sencillamente de las variedades tradicionales de basmati desarrolladas por los campesinos indios”. (p. 135)

En los años 80 el gigante agroquímico W.R. Grace patentó la margosa o neem, un árbol originario de la India, Pakistan y Bangladesh cuyas propiedades antiparasitarias e insectífugas han sido usadas durante siglos por todo el subcontinente. La fábrica llegó a procesar hasta 20 toneladas de semillas al día, con la consiguiente dificultad que conllevó para la población acceder a un recurso esencial y hasta entonces gratuito. Vandana Shiva, con el apoyo del IFOAM (Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Ecológica), necesitó más de 10 años para lograr, en 2005, que la Oficina Europea de Patentes revocara las patentes de Grace sobre este árbol.

En 1998, Monsanto, la casa de semillas más poderosa del mundo, se hizo con la patente del Nap Hal, una antigua variedad de trigo con características excepcionales para el horneado. La patente nº EP 0445929 fue revocada en 2004 por la Oficina Europea de Patentes tras la reclamación presentada por varias asociaciones ecologistas, con Vandana Shiva a la cabeza, quien declaró: “Hemos ganado el tercer combate contra los piratas que roban nuestras semillas y nuestros saberes para reivindicarlos como sus invenciones. El arroz basmati fue robado, nosotros lo hemos recuperado, el neem fue robado, nosotros lo hemos recuperado. Y ahora, el 26 de septiembre, la Oficina Europea de Patentes anula el convenio sobre el trigo nº EP 0445929 presentado por Monsanto y basado en el robo de una antigua variedad de trigo india pobre en gluten. Cada orador habló esa tarde de un mundo sin OGM, sin plantas patentadas, ni vida patentada. Un mundo que nosotros creamos aquí. Yo estoy totalmente segura de que ganaremos, semilla tras semilla, planta tras planta, campesino tras campesino, comunidad tras comunidad. Y liberaremos la Tierra. ¡Y ganaremos la seguridad alimentaria!” (p.138)

En el caso de Coca-Cola no se trató de biopiratería, sino “sólo” de un desastre natural en Plachimada, en la región de Kerala, donde en 2001 se instaló un fábrica de embotellado que llenaba 600 botellas de refresco por minuto. “Coca-Cola tenía autorización para producir 561.000 litros de refrescos cada día, y cada litro de refresco implicaba el consumo de 3,8 litros de agua". Pronto, el nivel de los lagos, ríos y pozos de la zona bajó notablemente y el agua dejó de ser potable. Las mujeres fueron las primeras en movilizarse, en la primavera de 2002, ante la sucesión de animales muertos, personas hospitalizadas y cultivos destruídos. Su sentada no pareció interesar ni a la prensa, ni al Panchayat ni a ningún partido político, y se pretendía que fuesen ellas quienes demostrasen la relación causa-efecto entre la fábrica de Coca-Cola y los problemas de agua. Vandana Shiva contactó con un laboratorio en Chennai, el cual constató “unos niveles muy altos de salinidad y una dureza excesiva del agua” y declaró que “el agua disponible alrededor de la fábrica no era apta para el consumo humano y no debía utilizarse ni para beber, ni para el aseo, ni para lavar los alimentos o la ropa, y aún menos para regar los campos” (p. 78). En diciembre de 2003 un juez ordenó el cese de la actividad de Coca-Cola, en pro de la doctrina del bien común.

En cuanto a la relación entre Vandan Shiva y ecofeminismo, no me resisto a copiar un fragmento del libro de Lionel Astruc:

Vanadana Shiva “descubrió poco a poco la profunda relación que unía el destino de las mujeres y el de la Naturaleza y acumulaba cada vez más pruebas al respecto, anotando desordenadamente testimonios y descripciones. La activista india contaba con cambiar la tendencia general de despreciar el trabajo de las mujeres, o simplemente ignorarlas. Estas actividades femeninas consideradas por la mayoría como un “no-trabajo” o un “no conocimiento” en realidad se basaban en prácticas culturales y científicas elaboradas. Sin ser aún consciente, ni haberse pronunciado aún el nombre, Vandana Shiva estaba de hecho a punto de formular una teoría fundamental para su acción en el futuro: el ecofeminismo. “En una hectárea de tierra cultivada, una parejea de bueyes trabaja 1064 horas al año, un hombre 1212 y una mujer 3485 horas: ¡una mujer trabaja por tanto más tiempo que un hombre y los animales de la granja juntos!" Tal era el tipo de constataciones que hacía la militante, pero su reflexión ya “ecofeminista” no se limitaba a este tipo de comparación entre los dos sexos. Descansaba más bien en una observación sutil del estatus de madre o de hija en los países del sur: la filósofa las veía como a aquellas que dan la vida, no sólo biológicamente, sino también a través de su rol social, porque ellas se ocupan de la preservación y reproducción de las semillas y satisfacen las necesidades alimentarias de su entorno. “Todas las comunidades silvícolas o campesinas en las que la vida se organiza alrededor de un principio de perdurabilidad y de reproducción de la vida, encarnan la naturaleza misma de la mujer”, resumía Vandana Shiva. En el corazón de esta visión se encontraba lo que la escritora pronto llamaría “la perspectiva de la subsistencia”. Este concepto expresa las “necesidades fundamentales de la vida” (seguridad alimentaria, protección de la biodiversidad, etc.). Ahora bien, según la científica, las mujeres están más cerca de esta perspectiva que los hombres, en particular por su rol de madre. La necesidad de preservar la vida, aunque tengan que sacrificarse por la comunidad y favorecer el compartir, estaría naturalmente anclada en los genes femeninos, según Vandana Shiva. La militante había formulado estas observaciones a raíz del tiempo que pasó con las militantes del movimiento Chipko. (…). Desde el punto de vista de la cosmología india, todos los seres vivos nacen de una misma y única energía primordial llamada Shakti, que representa a un tiempo el principio femenino y la fuerza creadora de la Naturaleza. Las madres y las hijas con las que Vandana Shiva compartía regularmente la ruda cotidianidad de los altos valles de Uttarakhand, encarnaban prefectametne esta concepción”. (p. 63-65)

Aunque no comparto su perspectiva esencialista, todo lo demás me parece muy interesante, como querer sacar a la luz el trabajo invisible que las mujeres realizan y la importancia de la ecología y el respeto por la naturaleza. Como siempre, los feminismos no nos lo ponen fácil, por lo que no se puede hablar de ecofeminismo, sino de ecofeminismos. Esta entrada de la wikipedia hace una aproximación interesante al tema. 

Para finalizar, propongo evitar el consumo de OGM en la medida de lo posible. ¿Alguien se apunta?

 

martes, 19 de febrero de 2013

Una relación amorosa

Ruth lo tenía todo: la belleza, la seguridad, la confianza en sí misma y en el mundo, el carácter, el valor. Tenía, además, amigas y amigos con quienes salir y pasárselo bien, a quienes contar historias más o menos verídicas con las que impresionar y ser admirada. Tenía colegas con quienes fardar de ser quien era: una de las chicas guays del instituto, en definitiva. Y no tenía miedo. No tenía miedo a nada ni a nadie, no tenía envidia, no tenía dudas.

Como decía, Ruth lo tenía todo, incluso un novio. Era un novio del que presumir ante sus colegas porque, además de ser 5 o 6 años mayor que ella era un tipo duro. Pero uno de verdad: llevaba toda la vida metiéndose en líos, robando y trapicheando, lo que durante un tiempo le hizo dar con sus huesos en la cárcel. Un chico malo que podría parecer peligroso visto desde fuera pero que a ella no le daba miedo porque la confianza que tenía en sí misma era tanta que confiaba tenerle bajo control utilizando sus encantos femeninos y su carácter de mujer con arrojos. A su lado se sentía poderosa y notaba la envidia que despertaba en sus amigas y la admiración en sus amigos. Porque ella se había llevado el premio gordo y lo iba a hacer suyo. Controlar a un hombre como éste la convertiría definitivamente, a ojos de todo el mundo, en la mujer poderosa que siempre había querido ser. Sin contar, por supuesto, que teniendo novio salía de la lista de mujeres solas, frustradas y amargadas, esas que no tienen nadie especial que las ame, medias naranjas solitarias, incompletas y tristes.

Pasó el tiempo y sus amigas y amigos la veían cada vez con menos frecuencia. Llegó un día en que empezaron a hablar de ella en pasado, como la amiga que un día tuvieron, la colega que se echó un novio y desapareció de sus vidas. Por lo visto había encontrado con quien estar mejor acompañada, con quien sentirse plena y no necesitaba a nadie más.

Por eso se extrañó tanto Rebeca cuando un viernes de febrero Ruth la llamó para quedar. Ella ya había quedado con Óscar para tomar algo, así que fueron los tres juntos al bar de siempre. Sin embargo no se extrañaron demasiado cuando ella, en su habitual tono de chica dura que lo tiene todo bajo control y está de vuelta de todo empezó a decir lo harta que estaba de su novio y que podría dejarle cuando quisiera, pero que en realidad todavía no quería dejarle. Pero podría hacerlo cuando ella quisiera. Bueno, cuando ella quisiera y cuando ahorrara 750 euros. Esto último sí que extrañó a Rebeca y a Óscar. “No, bueno, es por el alquiler, porque es él quien lo está pagando, y yo, como estoy sin curro, pues eso, no me voy a ir así sin más. Pero vaya, que en cuanto tenga un curro le doy los 750 y me piro”. Sin embargo, a medida que corría la cerveza la lengua de Ruth se iba soltando: que estaba fatal, que nunca había estado tan mal, que se sentía una basura; ella, que nunca había tenido envidia de nadie, ahora envidiaba a cualquiera con quien se cruzara por la calle. A cualquiera. Que se sentía hundida. Que no era nadie. No llegó a dar muchos detalles, pero sí mencionó que una vez, durante una discusión, él le partió el labio. Pero que bueno, que ella le había respondido y le había partido una ceja. Pues buena era ella. Rebeca y Óscar se miraron de reojo. Y todavía pudieron presenciar una discusión telefónica, en la que ella gritaba e insultaba y de la que volvió, después de colgar, al borde da las lágrimas. Él le había dicho que no se le ocurriera volver a casa esa noche porque la iban a tener, que estaba cabreadísimo y que era mejor que no le provocara. Rebeca le ofreció su casa. Sin embargo, todavía quedaba otra discusión más. Una discusión en la que ella le amenazó con dejarle y, en respuesta, él la amenazó con matarla si se le ocurría irse. Esa noche la pasó en casa de Rebeca.

No sé cómo termina esta historia. Lo único que sé es que Ruth, Rebea y Óscar tienen menos de 25 años. Los nombres son ficticios y he cambiado algunos detalles, pero la historia es real. Es tan real y tan parecida a otras que parece sacada de un manual.

Al llegar a este punto sólo me quedan preguntas:

¿Para cuándo una educación en igualdad? ¿Para cuándo además de literatura y matemáticas se va a enseñar educación afectivo-sexual en los colegios? O, para no utilizar un término tan aséptico, ¿para cuándo educación emocional, o amorosa? ¿Quizá para cuando sea demasiado tarde para Ruth y para tantas otras?


Cuando historias como ésta siguen ocurriendo cada día, ¿es posible seguir afirmando que el feminismo está desfasado? ¿Estamos las feministas locas cuando, tras conocer historias como ésta, decimos que lo personal es político?

Y la más importante: ¿es Ruth una víctima?

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Esperanza ha señalado, en los comentarios, algunas preguntas que se me quedaban en el tintero:

"¿Qué pasa con los medios de comunicación, con las series, los realitys, los anuncios, las revistas para ellos y ellas? Sobre todo cuando los implicados son menores de 25, tienen muchísimo peso en su baremo de valores. O las familias, con lo que es la familia en España, y la de historias que conocemos todos. ¿Y que tal talleres de educación afectivo-sexual, a cargo de asociaciones o de entidades públicas?"

Agradezco todos los comentarios y sugerencias, ¡gracias!

domingo, 13 de enero de 2013

Encadenados (Notorious) de Alfred Hitchcock



El otro día vi “Encadenados”, de Alfred Hitchcock. Como me resultó muy sugerente y puso en marcha mi maquinaria crítica, me preparé para escribir un post. Básicamente googleé en busca de información y pude comprobar que lxs críticxs de cine ya han analizado este clásico desde numerosos ángulos, han dado múltiples interpretaciones y han dicho casi todo lo que había que decir. Pero cuál no fue mi sorpresa cuando enseguida me di cuenta de que no estaba de acuerdo con la descripción que la mayoría hace de la relación entre los dos personajes principales que es, básicamente, el núcleo alrededor del cual gira el argumento.

[Si no has visto la película te recomiendo mucho que la veas y, como no quiero destriparte nada, te sugiero que no continúes leyendo… ¡Pero vuelve aquí después de verla!]

Si a pesar de todo sigues leyendo, copio y pego una pequeña sinopsis para que sepas de qué hablo (aquí el link a la página donde la he encontrado 

“Devlin, (Cary Grant), un agente del gobierno norteamericano, entabla relación con Alicia Huberman (Ingrid Bergman), hija de un espía alemán recién encarcelado, y le propone trabajar para su país en Río de Janeiro. La misión es seducir a otro alemán, Alex Sebastian (Claude Rains), que años atrás estuvo enamorado de ella, y sacar la máxima información de él y sus contactos, pues es una de las bases del nazismo activo que opera tras la guerra. Alicia, pese a estar enamorada de Devlin, acepta no sólo el desafío de conquistar a Sebastian, sino también su inesperada petición de boda. Una misteriosa botella de vino pondrá la primera nota de inquietud en la tensa labor de espionaje de Alicia.”

Como decía, enseguida comprobé que no estaba de acuerdo con la mayoría de las críticas, que afirman que Dev, el protagonista, se comporta como un proxeneta. Por ejemplo, en este artículo de The Guardian se describe a Devlin como “a good man, on the side of right, who pimps out the love of his life” (un buen hombre, uno de los buenos, que chulea al amor de su vida). Es decir, cuando Dev propone a Alice seducir a otro hombre por motivos políticos, para la mayoría de las críticas lo que ocurre es que está chuleando a Alice, vendiéndola al enemigo. Además, para más inri, está enamorado de ella. Y ella de él, claro. Pobre… Sin embargo, desde mi punto de vista, el personaje de Dev es muy interesante. Cuando al principio él le propone a ella que trabaje como espía para el gobierno de los Estados Unidos, él mismo no sabe en qué va a consistir la misión. Para cuando se entera, ya es demasiado tarde: se ha enamorado. Es obvio que no le gusta la idea, ya que trata de convencer a sus jefes de que Alice no es la persona adecuada para ese trabajo. Sin embargo, fracasa en su intento, y no le queda más remedio que comunicarle que su misión consiste en seducir a Alex. Ella se horroriza ante la idea y le pregunta si no le ha dicho a sus jefes que ella no es la persona adecuada. Lo que Alice quiere es que él le demuestre su amor pidiéndole que no se entregue a otro hombre. Como él no se lo pide, ella concluye que él no la quiere y, despechada, acepta el trabajo. Según este artículo “Alicia le recrimina a Dev que si tan solo se lo hubiese pedido, ella no hubiera aceptado el cometido de enamorar a otro hombre por patriotismo. Devlin responde con una aparente indiferencia, argumentando que ella es lo suficientemente adulta para tomar decisiones.” Y aquí está el quid de la cuestión. Ella acepta libremente la misión: no la obligan, no la chantajean, no la coaccionan.  Acepta libremente. Y acepta, en parte, por despecho, en un intento a la desesperada de provocar celos en el hombre al que a ama. En mi opinión, ella necesita de él que le pida que no acepte la misión como muestra de amor porque ella misma no se considera merecedora del mismo. Ella se desprecia a sí misma y entiende que un hombre como Dev la entregue sin más al enemigo. Pero es ella quien se desprecia y se juzga por beber demasiado y haber tenido numerosos amantes. Por ejemplo, en la escena del bar en Río de Janeiro, ella le dice: “Cada vez que te miro veo en tus ojos esas ideas fijas: si delinquió una vez delinquirá siempre, fue mujerzuela, lo será siempre” y luego, en un alto en la carretera: “Pobre Dev, te has enamorado de la chica mala, te pone enfermo, enamorado de una mujer que no es buena, debe ser terrib…” (y no termina la palabra porque entonces él la besa). Más tarde, en el apartamento, mantienen esta conversación:
Alice: Nuestro amor es bastante extraño.
Dev.- ¿Por qué?
Alice.- Porque a lo mejor tú no me quieres.
Dev.- Cuando deje de quererte ya te avisaré.
Alice.- Pero, ¿me quieres?
Dev.- Los actos importan más que las palabras.

Esta conversación tiene lugar mientras se dan el beso más largo y apasionado de lahistoria del cine hasta ese momento.  0_o 


En definitiva, no he encontrado ni un solo indicio de que Dev juzgue a Alice, o de que la desprecie, o de que tenga sentimientos encontrados hacia ella y su pasado poco “honesto”. Por el contrario, se me hace evidente que es ella la que se desprecia a sí misma. Esto queda claro en la escena del avión cuando le comunican la muerte de su padre, un oficial nazi, porque ella contesta: “no tengo que seguir odiándole, ni odiándome”.

Además, es evidente que el personaje fue creado para que la audiencia de 1946 también la despreciara o, por lo menos, la juzgara. No hay más que fijarse en el título original de la película: Notorious, que significa “well known for being bad” o, lo que es lo mismo: trístemente célebre, de mala fama, de mala reputación, infame.

Sin embargo, mi sorpresa no terminó leyendo las críticas. Resulta que, según la Wikipedia, el mismísimo Hitchcock concibió el argumento como "the story of a woman sold for political purposes into sexual enslavement”. Acabose. Vale que no esté de acuerdo con las críticas, pero ¿no estar de acuerdo con el director? Pues mira tú por dónde, Hitchcock habrá sido uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, pero yo digo que esta película no va de “una mujer vendida por motivos políticos a la esclavitud sexual”. Por el contrario, va de una mujer que se casa con un hombre al que no ama por despecho y, como se siente muy desgraciada, culpa al hombre al que ama. O, en su defecto, va de un hombre que, considerando a la mujer a la que ama suficientemente adulta para tomar sus propias decisiones, ni le pide ni le deja de pedir: la deja decidir y, a pesar de que le duele verla con otro, no se interpone en su misión. Tendría que añadir, claro, que va de un hombre que privilegia su trabajo frente a sus sentimientos ya que deja creer a la mujer a la que ama que en realidad no la ama, a sabiendas de que si le declara su amor ella no aceptará la misión y, como consecuencia, los nazis continuarán campando a sus anchas por Río de Janeiro.

Mmmm. Complicado, ¿no?

Al fin y al cabo, Hitchcock era un maestro. No nos lo iba a poner fácil.

Por cierto, ¿soy la única que encuentra un parecido razonable, por no decir sospechoso, entre el argumento de esta película y el de la novela de Clara Sánchez “Lo que tu nombre esconde”?

NOTA: Si no has visto esta película, o si sólo la has visto en la versión doblada al castellano, te recomiendo que la veas en versión original. Un motivo serían las voces de los actores. Por ejemplo, el doblaje español de Ingrid Bergman suena exactamente igual que cualquier doblaje de cualquier personaje femenino en las películas de época: lánguido, ñoño, falto de personalidad y llorón. Sin embargo Alice es una mujer decidida, con carácter, irónica (“pobre Devlin, se ha enamorado de la chica mala”, mientras que en la versión original suena a burla, en el doblaje suena a drama). Otro motivo, quizá incluso más importante, sería la traducción. No he hecho un análisis exhaustivo de las dos horas de metraje, pero he encontrado un par de añadidos que, lejos de ser sólo pequeños matices, en mi opinión cambian sustancialmente el sentido de la película. Por ejemplo, en la escena del coche, él intenta convencerla de que mejor conduce él ya que ella está borracha como una cuba, pero ella no quiere. En la versión original él le dice: “Muévete”, mientras que en el doblaje él le grita: “¡Estúpida!”. En mi opinión el nivel de violencia se multiplica por diez y el carácter de Dev se distorsiona notablemente. Otra modificación del sentido de la película, relacionado además con el título de la versión doblada (encadenados), lo encontraríamos en la última escena, en la que  Dev le dice a Alice que no podía soportar verla con otro para siempre, mientras que en la versión original simplemente dice que no podía soportar verla con otro.

NOTA 2: En este post no he querido hablar sobre amor romántico, aunque daría para páginas enteras. La película me ha gustado y, si tuviera que hacer una crítica del amor romántico cada vez que voy al cine o leo un libro no acabaría nunca. Como veis, no soy tan radical como pensáis.
Para más información sobre el amor romántico:
“Las negociaciones en el amor” de Marcela Lagarde.
“Crítica del pensamiento amoroso” de Mari Luz Esteban.
Algunos artículos de Una antropóloga en la luna, como éste o éste.

domingo, 28 de octubre de 2012

Lentejas con chorizo

El otro día hice lentejas con chorizo. Me costó encontrar las lentejas: primero busqué en el Inn, luego en el Bonus y, por último, a punto de tirar la toalla, las encontré en el FK (léase “efco”). Digo, a punto de tirar la toalla porque esos son los tres supermercados que hay en Kláksvik. Eso sí, lentejas de primera calidad, orgánicas para más detalles: 6 euros el kilo. 

Normalmente me gusta seguir las recetas de mi madre, pero en este caso utilicé una receta de lentejas que encontré aquí y que me suele salir bastante bien, sobre todo si utilizo el chorizo que mi abuela me mete en la maleta cada vez que voy de visita a Madrid, y que da lugar a conversaciones telefónicas como ésta:

- ¿Ya te has comido todo el jamón y el chorizo que te dí?
- No, todavía me queda algo.
- Bah, entonces poco comes.
- Abuela, me diste dos kilos.
- ¿Y aún no se te ha acabado? Poco comes.

El caso es que hice unas lentejas que no me quedaron mal del todo me quedaron deliciosas, pero no fue fácil. Y no me refiero a ese día en concreto, sino a todos los años transcurridos desde que empecé a darme cuenta de que si quería comer decentemente tenía que ponerme las pilas. Todo empezó cuando terminé el instituto e hice las maletas para ir a Londres a pasar el verano trabajando en una conocida cadena de comida rápida. Comí innumerables sandwiches de tuna mayo y wraps procedentes de las cocinas de esta conocida cadena, y cantidades ingentes de nuddles y huevos fritos procedentes de mi imaginación culinaria de entonces. Luego volví a Madrid, compré un cuaderno y fui a mi madre y le dije: avísame cuando vayas a hacer la cena que quiero aprender a cocinar. No sé si aprendí mucho o poco inglés ese verano, pero desde luego aprendí algo que, por evidente, parece que no hace falta ni comentar: la comida no llega sola a la mesa, ni a la nevera, ni se cocina sola. Esto, pese a que pueda parecer evidente, es uno de los pequeños detalles que el sistema patriarcal de enseñanza tiende a pasar por alto. Yo estudié, en el colegio y en el instituto, cosas como lengua, matemáticas, biología, historia, geografía, literatura, inglés. Y luego llegué a Londres y fui capaz de chapurrear algo de inglés y de cocinar nuddles. Gracias EGB, gracias ESO, os debo un plado de fideos chinos al curry.

Con esta anécdota lo que quiero sacar a relucir es el tema del trabajo y los cuidados, qué se considera trabajo, qué trabajos confieren estatus y cómo el trabajo doméstico sigue relegado al ámbito de lo estrictamente privado, cuando la realidad es que todas (las personas) necesitamos alimentarnos. “Bueno, pues que te enseñe tu madre” o “búscate las recetas en internet” podréis decirme. Sí, claro, eso también. Pero el hecho de que no se enseñen en las escuelas nociones básicas de nutrición ni de cocina tiene un significado para mí muy claro: la cocina pertenece al hogar, mientras que las cosas realmente importantes se aprenden en la escuela. En este sentido, es mucho más importante saberse los autores de la generación del 27 que saber cómo cortar una zanahoria o hacer un sofrito, dónde va a parar. Para mí este hecho es patriarcado en estado puro, “lo doméstico es privado” en su máxima expresión. Sin embargo, lo doméstico es, tiene que ser, público y político. En el camino de la igualdad entre mujeres y hombres tiene que salir a la luz la importancia del trabajo doméstico, porque ninguna sociedad puede sostenerse sin él. Hay que empezar a reconocer la importancia que tienen las labores consideradas del hogar, y todas y todos tenemos que aprender a realizarlas. De esta manera también aprendemos a valorar, desde nuestra más tierna infacia, lo que en principio parece que se hace sólo, o que hace mi madre, o que hace la asistenta, o que hacen las cocineras del comedor, o que viene ya preparado por arte de magia en el camión del catering. No digo que todo el mundo tenga que convertirse en chef de alta cocina; por supuesto que también influyen los intereses y la sensibilidad de cada cual: hay a quien le encanta cocinar y simplemente junta lo que hay en la nevera y te hace un plato delicioso, y luego hay quien, como yo, tiene que hacer un esfuerzo y seguir las recetas al pie de la letra para obtener un resultado razonable.

Para terminar, tengo que decir que esto de enseñar cocina en las escuelas no se me ha ocurrido a mí, que más quisiera yo. Se les ocurrió hace años a los gobiernos de los países nórdicos. Como decía en “Asistenta”, incluso en el civilizado norte les queda mucho por andar en el camino de la igualdad, pero algo de ventaja sí que nos llevan. Y es que mis compañeras de piso, una danesa y una islandesa, aprendieron a cocinar en el colegio. Han sido ellas quienes me han enseñado cómo usar adecuadamente un cuchillo cebollero, tanto para cortar más rápido como para evitar cortarme los dedos, entre otras valiosas lecciones.

Por eso fue un gran honor para mí que ellas, que estudiaron cocina en el colegio, repitieran de mis lentejas.

Yeah.

Nota: para quien siga despistadx como estaba yo hasta hace poco, aquí un vídeo tutorial sobre el uso del cuchillo cebollero.