En
contra de lo que mucha gente cree, ser feminista no me hace odiar a
los hombres. He aquí una anécdota que lo demuestra.
Mi
casero y compañero de piso quería alquilar la habitación que hay
al lado de la mía y que lleva vacía un par de meses. Me ofreció
participar en el proceso de selección y durante tres días
entrevistamos a unas 10 chicas y a 2 chicos. Cuando le pregunté el
porqué de este desequilibrio me confesó que le habían escrito más
chicas porque en el anuncio ponía “preferentemente chica”, y que
además, de los emails que recibía, solía descartar los de los
chicos. Nunca adivinaríais su respuesta cuando le pregunté porqué
era reacio a alquilar la habitación a un chico: “Limpian menos”,
me dijo. “Bueno, tú eres un chico y a mí me parece que limpias
suficiente”, le dije, y se rió. Me dijo que lo decía por
experiencia. Yo tengo que reconocer que experiencia viviendo con
chicos no tengo mucha, ya que siempre he compartido piso con chicas. Siempre me ha ido bien (saludos a Isa y a las chicas de Pura); o casi
siempre. Cuando vine a Copenhague, en esta misma casa vivían también
dos chicas danesas, y yo, os voy a ser sincera, vivía con miedo.
Vivía con miedo a dejarme una miga de pan en la encimera de la
cocina y que apareciera la temida nota: “It would be really, really
nice if you clean the table after yourself. Thanks”. Incluso cuando
sabía con certeza que “yo no había sido” la nota me producía
escalofríos. Cuántas veces soñé que la despedazaba y la quemaba,
y cuántas veces me atormentó la pesadilla de la nota asesina, en la
que ésta me perseguía por la casa con una escoba en la mano y me
atizaba hasta que todo brillaba impoluto. La verdad es que nunca he
sido una fanática de la limpieza, pero aunque la casa no brilla como
los chorros del oro está razonablemente limpia y, desde que se
fueron las dos danesas, la convivencia es relajada y pacífica.
El
caso es que mantuvimos largos e infructuosos debates sobre las
ventajas y desventajas de cada aspirante y, al final, cada uno hizo
una lista de cinco. Él se sorprendió mucho al
comprobar que en la mía estaban los dos únicos chicos porque, por
algún motivo, pensaba que odio a los hombres. Y lo gracioso es que
al final, para hacer nuestras elecciones, los dos estábamos usando
el mismo estereotipo según el cual las chicas limpian más: pensando que ellos se tomarían de manera más relajada el tema de la limpieza les incluí entre mis favoritos. Bueno, por eso y porque me cayeron bien, claro.
Al
final Line, una chica danesa, se muda en un par de semanas.
Os
mantendré al tanto de sus hábitos de limpieza, pero os avanzo: es
alérgica al polvo.