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jueves, 2 de febrero de 2012

Se alquila habitación. Preferentemente chica.


En contra de lo que mucha gente cree, ser feminista no me hace odiar a los hombres. He aquí una anécdota que lo demuestra.

Mi casero y compañero de piso quería alquilar la habitación que hay al lado de la mía y que lleva vacía un par de meses. Me ofreció participar en el proceso de selección y durante tres días entrevistamos a unas 10 chicas y a 2 chicos. Cuando le pregunté el porqué de este desequilibrio me confesó que le habían escrito más chicas porque en el anuncio ponía “preferentemente chica”, y que además, de los emails que recibía, solía descartar los de los chicos. Nunca adivinaríais su respuesta cuando le pregunté porqué era reacio a alquilar la habitación a un chico: “Limpian menos”, me dijo. “Bueno, tú eres un chico y a mí me parece que limpias suficiente”, le dije, y se rió. Me dijo que lo decía por experiencia. Yo tengo que reconocer que experiencia viviendo con chicos no tengo mucha, ya que siempre he compartido piso con chicas. Siempre me ha ido bien (saludos a Isa y a las chicas de Pura); o casi siempre. Cuando vine a Copenhague, en esta misma casa vivían también dos chicas danesas, y yo, os voy a ser sincera, vivía con miedo. Vivía con miedo a dejarme una miga de pan en la encimera de la cocina y que apareciera la temida nota: “It would be really, really nice if you clean the table after yourself. Thanks”. Incluso cuando sabía con certeza que “yo no había sido” la nota me producía escalofríos. Cuántas veces soñé que la despedazaba y la quemaba, y cuántas veces me atormentó la pesadilla de la nota asesina, en la que ésta me perseguía por la casa con una escoba en la mano y me atizaba hasta que todo brillaba impoluto. La verdad es que nunca he sido una fanática de la limpieza, pero aunque la casa no brilla como los chorros del oro está razonablemente limpia y, desde que se fueron las dos danesas, la convivencia es relajada y pacífica.

El caso es que mantuvimos largos e infructuosos debates sobre las ventajas y desventajas de cada aspirante y, al final, cada uno hizo una lista de cinco. Él se sorprendió mucho al comprobar que en la mía estaban los dos únicos chicos porque, por algún motivo, pensaba que odio a los hombres. Y lo gracioso es que al final, para hacer nuestras elecciones, los dos estábamos usando el mismo estereotipo según el cual las chicas limpian más: pensando que ellos se tomarían de manera más relajada el tema de la limpieza les incluí entre mis favoritos. Bueno, por eso y porque me cayeron bien, claro.

Al final Line, una chica danesa, se muda en un par de semanas.

Os mantendré al tanto de sus hábitos de limpieza, pero os avanzo: es alérgica al polvo.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Entrevista a Carmen París y Melissa Aldana


Epheminity. Ejazz con jota es el link de la entrevista que hice a Carmen París y Melissa Aldana para el Womex 2011.

“En la música aún hoy en día está muy potenciado el papel de la mujer como intérprete, únicamente, sobre todo como cantante, y se promociona muy poco a mujeres compositoras, instrumentistas, arreglistas, letristas… [Epheminity] es un poco potenciar el papel de la mujer en la música, no sólo como intérprete, sino también como creadora y como música que propone.”
Carmen París

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Up! Una distracción de altura


Up! es una película con dos Oscars, dos Globos de Oro y dos premios BAFTA. El caso es que los primeros 15 minutos están muy bien, y ponen el listón muy alto para lo que luego será el desarrollo de la película, que no es más que una decepción inmensa. Al principio la historia tiene cierta originalidad, los personajes son entrañables y las escenas son divertidas y emotivas; me encanta cuando una película es capaz de hacerme llorar y reír alternativamente. Sin embargo, aparte de la enorme decepción, lo que más me ha molestado ha sido la trampa de “la distracción”. Me explico: se crea un escenario en el que hombres y mujeres son iguales, se aman, comparten el trabajo (dentro y fuera de casa) y son felices, para luego narrar una historia en la que las mujeres son borradas de un plumazo, a excepción de mamá pájara, que tiene que ser rescatada porque está desvalida, perseguida y acorralada. Pero claro, si la historia está ambientada en el país de la igualdad, el hecho de que en la aventura sólo aparezcan personajes masculinos es circunstancial. La trampa, lo que viene a decir, es que son hombres, pero podían haber sido mujeres.

Spoiler

Durante los primeros 15 minutos nos presentan dos personajes, un niño y una niña, a quienes les encantan las aventuras: ella, muy intrépida y resuelta, y él, torpe, callado y encantador. Ambos entrañables. Cuando crecen se casan y las imágenes de los recién casados construyendo su casa no pueden por menos que arrancarnos una sonrisa, sobre todo cuando ella se remanga el vestido de novia para serrar unos tablones. A continuación se cuenta la historia de la feliz pareja viviendo una vida feliz: comparten las tareas del hogar, trabajan juntos fuera de casa en el negocio de ambos, salen de picnic, los dos contribuyen por igual ahorrando para ese viaje a América del Sur que se han prometido y vuelven a salir de picnic. Así, pasan los años, se hacen ancianos, y ella muere.
         Bien, ahora que hemos construido el país de las gominolas en el que los roles de género han desaparecido y las mujeres y los hombres son iguales, vayamos a lo verdaderamente importante.
         La verdadera historia de Up! narra las aventuras de un hombre anciano, un niño y un perro, que salvan a mamá pájara y sus hijitos del malO malísimO y sus secuaces, una jauría de perros. Al final, el niño es condecorado en una celebración de boy-scouts donde otros niños y sus papás participan. Y esta  historia ya nos la sabemos porque no es nueva, ni original, ni sorprendente. Es más de lo mismo. Pero, ¿realmente podía esperarse algo más de una película Disney?

Nota: Disney compró Pixar en el 2006
Noticia: "Pixar ha optado por hacer caso a algunas voces críticas y adoptará a personajes femeninos como protagonistas de sus dos próximas cintas animadas" y ¿¿a que no sabéis quién será la nueva heroína?? No lo adivinaríais en la vida... ¡una princesa! Eso sí, supuestamente es la anti-princesa. Ya veremos.
http://www.elmundo.es/america/2011/12/08/estados_unidos/1323324196.html

jueves, 1 de diciembre de 2011

Cisne Negro: el mito de la mujer perfecta


Contiene spoilers (es decir: ¡cuento el final de la peli!)

El otro día vi Cisne Negro, la película protagonizada por Natalie Portman. Me decepcionó enormemente. A pesar de que supera el test de Bechdel (la protagonista es una mujer cuya existencia no gira en torno a los hombres), a lo largo de la historia se reproduce el estereotipo patriarcal de “la mujer perfecta”. En el cine, en las novelas y en los anuncios hay muchas variantes de este estereotipo, desde la mujer que es perfecta hasta la que sufre porque sabe que no lo es pero aspira a serlo. En el caso de Nina, la protagonista de Cisne Negro, se trata de una bailarina obsesionada por alcanzar la perfección. Para lograrlo, sufre mucho, se sacrifica mucho, pierde el contacto con la realidad y al final muere; y por supuesto tanto sacrificio y sufrimiento merecen la pena porque la perfección es la experiencia más sublime, maravillosa y extraordinaria a la que aspirar. No hay más que verlo en la expresión de gozo y felicidad de la protagonista cuando, agonizante, dice: “Perfect. I was perfect”.
Este “antes muerta que imperfecta” va de la mano del tan familiar “antes muerta que sin ti”. Y yo ya estoy harta de tanta mujer sufrida y trágica: por favor, otros modelos para nuestras niñas y adolescentes, otras historias con las que poder identificarnos las mujeres de hoy en día. Si repasamos el panorama cinematográfico, y considerando la fuerza y el poder de un medio de comunicación tan potente como el cine, entenderemos por qué todavía hoy las niñas quieren ser princesas (no, no lo llevan escrito en los genes), por qué en muchos institutos las adolescentes se sienten orgullosas de que sus novios las controlen, o  por qué las mujeres en general sufrimos tanto en nuestra aspiración de querer hacerlo todo bien después de habernos tragado el mito de la “super woman”.
He pensado que sería útil, para entender este asunto de los estereotipos en el cine, comparar Cisne Negro con otras películas que propongan modelos alternativos. Creo que Billy Elliot (por el tema de la danza) y Alicia de Tim Burton (porque la protagonista es femenina) pueden ser buenos ejemplos.
Billy Elliot es un niño que quiere dedicarse a la danza pero tiene un problema: que es un niño. A lo largo de la película tiene que enfrentarse a toda la presión de los estereotipos patriarcales que afirman que bailar es cosa de niñas o de maricas. Pero Billy es un niño fiel a sí mismo, que sabe lo que quiere, lo persigue (no es fácil, también tiene que esforzarse y lo pasa mal, claro) y al final lo consigue y es feliz. He aquí otro modelo, un modelo alternativo, un espejo diferente en el que los niños pueden mirarse.
Por otro lado, la Alicia de Tim Burton propone un modelo alternativo para las niñas. No hay muchas heroínas en el cine tan activas, tan resueltas, tan lanzadas y valientes como Alicia (y muchas veces, cuando aparecen mujeres como éstas, son “las malas”). Este otro modelo sugiere a las niñas, después de tantas sirenitas, bellas, pretty womans y chicas Bond, que ellas también pueden ponerse la armadura y luchar contra el dragón. Aunque no creo que las mujeres vayamos a alcanzar la igualdad vistiéndonos con los estereotipos masculinos tradicionales, creo que historias como ésta son un paso.
Aunque hay muchas otras películas que rompen con los estereotipos tradicionales, como por ejemplo Pequeña Miss Sunshine, Te doy mis ojos, La vida sin mí, Kill Bill, Libertarias, Ágora o Volver, por desgracia todavía predominan los protagonistas masculinos y las reproducciones de estereotipos de género. En este sentido, la saga Crepúsculo es uno de los ejemplos más notables, sobre todo por la enorme influencia que está teniendo en las adolescentes.
Para terminar, le propongo a Darren Aronofsky, el director de Cisne Negro, que haga Cisne Negro 2. En esta nueva entrega se narrarían las aventuras de Lily, la bailarina suplente de Nina cuyos movimientos no son precisos pero que se deja llevar y se emociona cuando baila. Lily sale por las noches y se divierte sin preocuparse demasiado por los ensayos del día siguiente porque sabe disfrutar el presente. Además, folla con quien quiere. Es muy mala, pero ¿quién dijo que el Cisne Negro fuera bueno?

domingo, 20 de noviembre de 2011

Labores propias de nuestros sexos


El otro día nos quedamos sin Internet. Pero de verdad, no como en Enjuto Mojamuto con su famoso “y como se fue, vino”. No. Esta vez era una avería en el cableado. “Hasta dentro de dos o tres o días no podremos restablecer la conexión”, dijo el de la compañía de teléfonos. ¡¿Cómo?! ¡¿Dos o tres días?! Pero tras unos inevitables momentos de pánico decido sacarle el máximo provecho a la situación, o ¿qué pasa? ¿Que ya no sé hacer nada que no sea estar sentada delante de la pequeña pantalla del portátil? Que no se diga. Bajo a la calle, hago la compra y cuando vuelvo a casa, dispuesta a cocinar esa laboriosa receta que llevaba dos meses posponiendo por “falta de tiempo”, me encuentro a mi compañero de piso rodeado de herramientas y serrín, subido a una escalera y con medio cuerpo dentro del armario del salón. Al verme llegar me lo explica: “Como no hay Internet he decidido aprovechar para arreglar este armario, ¿puedes pasarme el destornillador?”

´:-S

lunes, 31 de octubre de 2011

Pelos

Para empezar esta entrada lo primero que he hecho ha sido escribir "pelos" en google, a ver si encontraba alguna definición curiosa. Probad, la primera página de búsqueda esta repleta de comentarios como: ¿es normal tener pelos en el pezón o en el trasero? ¿es bonito tener el pelo negro? pelos enquistados, depilaciones, pérdida de pelo, pelo roto, pelo encrespado, pelo liso o rizado.

Esto me recuerda a las agresiones a feministas en Sol que colgaron una pancarta sobre el anuncio del "pelo mediterráneo". Me recuerda también a agresores de rastas impecables y machos de pelo en pecho. 

Pero hablemos de mujeres. Secadores, planchas, pinzas, champús, mascarillas, cuchillas, máquinas arrancapelos, cera ardiente, tintes y bigudíes (ésta me hace mucha gracia). Gran maquinaria inventada por...¿la humanidad? Ay google, qué útil es, buscad: son todo hombres. Hombres inventando maquinaria para dominar la naturaleza. En este caso el indomable pelo. De las mujeres. 

Una charla que he tenido muy a menudo con otras explotadoras de pelos ha sido el reconocer la futilidad de estos actos. Sin embargo, somos seres sociales, y por no sufrir discriminación sigamos un poco el juego, ¡¡tenemos que vivir!! Ahora bien, me pregunto si todas esas horas invertidas en la estética de un determinado patrón, no serán más productivas  si nos dedicamos a otras cosas y dejamos a la naturaleza peluda en paz. Además, ¿qué hay más bello que la diversidad? (inluída la del vello). 

Pero bueno, todo esto ha empezado cuando trataba de contar una pequeña anécdota. Hace un tiempo, en un típico círculo de amigos viendo un concierto, me burlé de los pelos a lo zipi zape de mi pareja. Tremendo error, si hubiera sido otro, hubiera provocado risas. Recibí en cambio un duro reproche: ¿¿¿Ya estás intentando controlar y cortarle el pelo como tú quieras???

Qué cabreo me entró.... ¿por qué aún existen estos clichés? ¿por qué como "mujer que sale con" no tengo la misma libertad de bromas e ironías que los demás? ¿por qué todo cambio que conlleva el paso del tiempo de un hombre puede ser atribuído a la cruel manipulación de la mujer mala que lo acompaña??

 Por los pelos. Como escarpias, a lo zipi y zape y con canas. Liberación de los pelos presos ya!







miércoles, 19 de octubre de 2011

Guerra de sexos


El otro día en clase de inglés la profesora propuso una actividad. Trabajando por parejas teníamos que escribir un pequeño párrafo argumentando lo siguiente: “Las mujeres son mejores conductoras que los hombres por las siguientes razones”. Eso las chicas. Los chicos tendrían que argumentar lo contrario: “Los hombres son mejores conductores que las mujeres por las siguientes razones”.

Yo lo intenté. Prometo que intenté jugar al juego de la guerra de sexos. Entendí lo que se esperaba que hiciéramos; las chicas debíamos argumentar cosas del tipo: estadísticamente las mujeres tienen menos accidentes porque son más prudentes y no suelen saltarse los límites de velocidad. Los chicos tenían que esgrimir argumentos de este otro tipo: los hombres conducen con más seguridad en sí mismos lo que evita maniobras peligrosas. Bueno, por poner un par de ejemplos. La clase se llenó del murmullo de los debates y a mí llegaban retales de conversaciones. Que si es porque los hombres tienen más testosterona, responsable de su instinto primario de ir a 250. Que si es porque las mujeres tienen instinto maternal y por eso tienden a cuidar a la gente a su alrededor, incluidos los demás conductores. Ambiente universitario. Europa. Siglo XXI. Cuando empecé a sentir cómo el esperpento crecía y se desarrollaba a mi alrededor (¡¿el instinto maternal?!) me sentí incapaz de seguirle el rollo. Entonces, si un hombre no se salta, o no siente deseos de saltarse, los límites de velocidad, ¿no es un hombre? Cuando se dice de una mujer que conduce como un hombre ¿significa que conduce bien o mal? ¿Significa que es menos mujer? La cosa se complica más si, pongamos un ejemplo, esta mujer es una madre ¿será una mala madre si acelera en los semáforos en ámbar? ¿Cómo es que su instinto maternal no la empuja a querer proteger al resto de conductores? Y si un hombre no se siente seguro al volante ¿será menos hombre? Y si respeta los 120 ¿será porque no tiene suficiente testosterona o porque tiene instinto maternal? En ese caso ¿seguro que es un hombre? ¿La prueba de que las mujeres conducen peor está en la frase “¡mujer tenías que ser!”? De hecho, ¿es posible que esta frase sea un piropo?

Qué complicado. No consigo calzar los estereotipos en el mundo real. Sin embargo durante las guerras de sexos parece todo tan sencillo. Qué tranquilidad poder controlar el mundo, tenerlo todo organizado en unos cuantos estereotipos: las mujeres son así y hacen esto y lo otro, mientras que los hombres son asá y hacen aquello y lo de más allá. Seguramente me diréis: “mujer, qué exagerada eres” o “chica, tómate la vida con más filosofía y disfruta”. No, si yo disfruto de la vida, pero ¿tan grave es que no quiera participar en la reproducción y mantenimiento de unos estereotipos que creo que no nos benefician? No nos benefician a las personas: ni a mujeres, ni a hombres, ni a terceros géneros, ni a espíritus mezclados, ni a nadie.

Así que como este tema me toca la fibra sensible tiré por la calle de en medio. Convencí a la chica con la que tenía que participar en este juego de estereotipos y cuando llegó nuestro turno dije que las mujeres no conducen ni mejor ni peor que los hombres, sino que cada persona conduce como buenamente puede. Hay algunas mujeres que conducen muy bien y algunos hombres que conducen muy mal y viceversa. E incluso depende del día; alguien que normalmente conduce muy bien un día por lo que sea no da pie con bola. Bueno, pues algo así dije. Silencio a mi alrededor. Miradas que sin palabras me acusaban de aguafiestas. La profesora puso cara de circunstancias y me dijo: “Muy diplomática, Blanca”.

¡¿Cómo?! ¡¿Diplomática?! ¡¡No soy diplomática, soy feminista!!


NOTA: No pretendo decir que no existen diferencias entre mujeres y hombres. Las diferencias existen, pero ya sean sociales, biológicas, económicas o estéticas la mayoría de diferencias entre mujeres y hombres son construcciones sociales que llevan a la desigualdad. Es en estas construcciones en las que se basan los estereotipos.

martes, 4 de octubre de 2011

Ventajas de ser mujer




Adolf me contó que se le acababa el contrato de alquiler y que iba a mudarse a una residencia de estudiantes. Cuando le pregunté que si no prefería vivir en un piso a vivir en una residencia me dijo que sí, pero que le daba muchísima pereza ponerse a buscar y sufrir la constante discriminación del “se busca chica”. “Las chicas lo tenéis mucho más fácil”, me dijo. La verdad es que yo misma he podido comprobar que eso que dice es cierto: muchísimos de los anuncios de alquiler de habitaciones están dirigidos sólo a chicas. Pero lo que me gustó fue la conclusión: “Y encima luego tenemos que aguantar todo el rollo ese del feminismo y de la igualdad, cuando está claro que las chicas tenéis muchas más ventajas”. Así que me puse a pensar en cuáles son esas ventajas de las que gozamos que hacen que nuestras vidas sean tan fáciles y que el rollo ese de la igualdad sólo sirva para discriminar a los hombres todavía-más-aún-si-cabe. La verdad es que lo primero que me vino a la mente fueron cosas del tipo techo de cristal, doble jornada, Síndrome de Alienación Parental, trabajo no reconocido, anuncios de Axe… Así que hice lo que se suele hacer en estos casos: busqué en Google “ventajas de ser mujer”, y esto es lo primero que sale: 1. Si no quieres trabajar, te mantiene tu marido 2. La esperanza de vida es más larga 3. Les puedes dar besos a tus amigas. Y esto es sólo el aperitivo, ¡hay muchas más ventajas! Entre mis favoritas están: tenemos mejor olfato, somos multiorgásmicas, la ropa de mujeres es mucho más bonita y variada y es mucho más fácil encontrar gangas en las rebajas, tenemos mejor memoria para los aniversarios y en general para cualquier fecha señalada, los hombres cargan con nuestras maletas, no necesitamos pagar por sexo, podemos llevar maquillaje y tacones, venimos al mundo equipadas con las tan útiles “armas de mujer”, entre otras ventajas. ¡Si es que la que se queja es de vicio!

domingo, 25 de septiembre de 2011

Putas

Las danesas son unas putas” dijo una chica alemana. Estábamos en el ascensor y, desde luego, me habría encantado no tener que oír nada semejante. Un calor abrasador me incendió por dentro, lo sentí en el estómago, en los pulmones, noté cómo me subía por la garganta y se me salía por los ojos. Llamaradas ardientes. De una mirada la hubiera dejado convertida en cenizas humeantes sobre el suelo del ascensor. Inmediatamente me arrepentí de haber querido fulminar a la chica, probablemente no es su culpa no haber aprendido todavía que todas las mujeres somos unas putas: las danesas, las alemanas, las españolas, las taquilleras, las catedráticas y las primas de Luis. Me habría gustado decirle que todas las mujeres somos unas putas, o lo hemos sido o lo seremos, por nuestra forma de vestir o nuestra forma de maquillarnos, por nuestra forma de bailar o de follar o de pasear por la calle. Me habría gustado decirle a la chica alemana que puta no es sólo un insulto, es la justificación para la violencia contra las mujeres y decir que “las danesas son unas putas” es contribuir a que las mujeres seamos violentadas con miradas, con palabras y de maneras peores. Me habría gustado decirle todo eso pero el ascensor llegó al tercer piso y todo el mundo salió. Yo me quedé dentro contemplando las cenizas humeantes de mi desolación y mi cabreo.

jueves, 15 de septiembre de 2011

¡¿Hay un hombre en la sala?!

Resulta que en Copenhague es frecuente encontrar latas de conservas sin abrefácil, ya ves tú, en el país del Estado del Bienestar. Lo bueno es que así el otro día me hice con una anécdota bastante graciosa. Estábamos cuatro chicas preparando una pizza y justo cuando nos disponíamos a abrir la lata del tomate triturado llegó Richard, un chico australiano. Una de las chicas, la alemana, le recibió con mucho cariño: “Menos mal que llegas, necesitamos un hombre fuerte que abra esta lata” y para demostrarle su amor le hizo entrega de la lata y del abrelatas. El chico la miró consternado, luego miró la lata y luego el abrelatas. A continuación tomó aire, murmuró algo e intentó agujerear el metal con el filo del abrelatas… ¡pero sin hacer palanca, tan sólo cargando todo su peso sobre el mismo! Yo intenté explicarle cómo hacerlo, pero él estaba tan concentrado que no me hacía caso, así que la situación era bastante cómica: él forcejeando con el abrelatas, yo intentando hacerme escuchar, la lata intacta, las pizzas esperando, el horno caliente, las demás chicas cortando champiñones, rallando queso, bebiendo vino y completamente ajenas al sufrimiento de Richard. Al final conseguí explicarle el pequeño detalle de la palanca y le hice una demostración: la tapa cedió como si fuera mantequilla. Pero era a él a quien habían encomendado la misión y enseguida me arrebató el abrelatas y volvió a forcejear con él un buen rato hasta que consiguió hacer un corte en el metal, y luego otro, y otro, hasta que pudo entregarle la lata abierta a la encargada de poner el tomate en la pizza. No lo critico, sólo la práctica hace al maestro.
Pero al cabo de un rato hubo que abrir la otra lata. La alemana, abrelatas en mano, gritó: “¡¡Richard!! ¡¡Necesitamos otra vez de tu fuerza!!” y dirigiéndose a mí: “Menos mal que hay un hombre, que si no…”